Num“Num llegó a mi vida para no quedarse, era una acogida más y con esa cara tan simpática, no duraría mucho en casa, solo hasta que se recuperase de su fractura. No sabía lo equivocada que estaba. 

Num se convirtió en uno de esos tantos animales que se vuelven invisibles, a pesar de la visibilidad que tenía en las redes. Y pasaba el tiempo y él se iba haciendo con la casa, la manada, el lugar, conmigo… y aunque tenía claro que no lo iba a adoptar, no podía imaginar que un día, sin avisar, Num caería enfermo, muy enfermo, tan enfermo, que incluso nos recomendaron eutanasiarle. Mientras buscábamos opiniones, especialistas y tratamientos para él, Num empezó a consumirse, a envejecer, a apagarse poco a poco y yo veía como se nos escapaba sin poder evitarlo. Vimos un poco de luz en las manos de un especialista, Roberto Bussadori, y nos fuimos a Valencia buscando el último cartucho para Num. Jamás podré agradecer lo suficiente a toda la gente que se volcó en ese momento en ayudar a Num, era emocionante ver a tanta gente involucrada en poder pagar la carísima cirugía que necesitaba.

El día que lo dejé ingresado en el hospital para la cirugía, me despedí de él, no sabía si volvería a verlo. No podéis imaginar que duro fue despedirse de él, pensando que había una posibilidad de que no lo superara. Y como no, Num, SuperNum, salió de quirófano y nos dio una lección de superación. Yo ya estaba atrapada, no lo sabía, pero yo ya no podría separarme de él, y tuvo que ser una solicitud de adopción única, especial e ideal para Num, la que me abriera los ojos. Solo pensar que ya no podría dormir las siestas con él, que tendría que prescindir de su alegría por las mañanas, que ya no le oiría llorar reclamando una caricia se me hacía insoportable, como se me hizo insoportable el día que tuve que despedirme de él, pensar que no volvería a verle, así que nunca planee que Num fuera parte de mi vida y de mi familia, pero Num durante los años que estuvo en acogida en mi casa, si lo planeó e hizo todo lo que estuvo en su mano para envolverme en su red. Hoy Num como el resto de la manada, son parte de mi vida y no la concibo sin ellos. 

Gracias de nuevo a todos los que de una manera u otra, habéis hecho posible que Num siga aquí vivo, feliz y libre”.

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